Nazarenas.

Escrito por trompeta-sangre 16-02-2010 en General. Comentarios (1)

Nazarena de Valladolid, foto de Raúl Caro para el diario Público en su edición digital.

Con las últimas noticias de la incorporación de hermanas nazarenas a la estación de penitencia me he dado cuenta que quizá no etemos tan adelantados como pretendemos.

Voy a desandar unos dos mil años en el tiempo, para volver a esa Jerusalén en la que Cristo está a punto de entregar la vida, estamos en una sociedad terriblemente machista, en la que un hombre no podía hablar con una mujer por la calle ni dirigirse a ella. Por supuesto que mucho menos compartir la mesa a no ser que fuera su mujer o hija y siempre y cuando no hubiera hombres ajenos a la familia en la misma.

De este modo llego a la Última Cena del Señor, en la que tan sólo pudieron participar caballeros, doce para ser más exactos fueron los invitados por el Rabí. De entre todos ellos, uno le traicionó, otro le negó, otros se quedaron dormidos mientras se les dijo que vigilasen y otros simplemente se escondieron tras terminar la cena, y un único de aquellos lo acompañó hasta el fin.

Salgamos de la cena y sigamos esos momentos, lleguemos al camino al calvario lugar donde Jesús vuelve a tener contacto con la gente. Una mujer le seca el sudor, un hombre lo ayuda a portar la cruz, y su Madre lo acomapaña. Después de esto llego al lugar de su suplicio y allí tan sólo me encuentro a cuatro mujeres, (las tres Marías y su Madre) y a un hombre, San Juan.

Es decir que en aquella primera estación de penitencia tan sólo le acompañaron hasta el fin cuatro nazarenas y un nazareno. La Nazarena de esa comitiva de mayor importancia fue María, su Madre. Y Ella recorre ahora el camino de esa actual estación de penitencia a la Catedral bajo un pailo con sus lágrimas en los ojos.

Después de todo lo contado y teniendo en cuenta que muchas veces nos vanagloriamos de pertenecer al siglo XXI y superar la diferencia de sexos, miro a nuestras hermandades y pienso, si pudiera hablar esa María que amó tanto a su Hijo como para adoptar a toda la humanidad, que opinaría acerca de que a sus pequeñas se les niegue el poder acompañar a Su Hijo en el peor momento y más cuando Ella estuvo rodeda de mujeres en ese terrible dolor.

Foto de El Nazareno de Sevilla.

Y entonces creo oir, en Su silencio, que también ellas son hijas suyas y que deberíamos dejarnos de separaciones en un momento histórico en el que carecen de sentido.
Así que si portamos a una mujer como uno de los mejores regalos de Dios a esta tierra no seamos hipócritas a la hora de dejar que la acompañen sus hijas y hermanas nuestras. Tod@s somos hij@s de Dios.

Saludos.

Trompeta-sangre.